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Semillas de libertad: la experiencia agroecológica del COPINH

Desde el año pasado, el COPINH ha comenzado a impulsar la agroecología en los territorios como parte de la lucha por la soberanía alimentaria de los pueblos. Estas experiencias se están llevando a cabo en las comunidades de Pueblo Viejo, El Achotal, Guachipilín y también en Montaña Verde. El proceso surgió como respuesta a la crisis de la pandemia y también frente a los daños que dejaron los huracanes que azotaron a la región. “Desde el COPINH se vio la necesidad de crear otras formas de poder cultivar la tierra ya que hubieron demasiados daños en las comunidades con la pérdida de cultivos y dentro de los análisis que se hacían se vio que en la mayoría de las comunidades del pueblo Lenca solamente se siembra maíz, frijol y café pero también vemos la necesidad de diversificar la alimentación a través de la siembra de otras verduras y frutas”, analiza Dania, compañera del COPINH, y añade: “Se empezó creando huertos comunitarios donde compañeros y compañeras iniciaron un proceso de formación de un año donde se aprendió a hacer abonos orgánicos, repelentes naturales, a hacer mejor uso de la tierra y a cuidarla mejor con lo que tenemos a nuestro alcance”.

En distintos territorios los compañeros y las compañeras comenzaron a sembrar tipos de semillas que no eran tan usuales para esos suelos con el fin de diversificar el cultivo. Semillas de tomate, rábano, lechuga, coliflor, chile dulce, zanahoria, pepino y zapallo, entre otros, fueron sembradas en distintas comunidades donde no solía hacerse y la idea es que estas experiencias puedan ser retomadas en otros sitios con el fin de aprovechar los beneficios de la agroecología y la diversificación del cultivo.

Una de las comunidades que ha sacado provecho de este tipo de prácticas es la de Pueblo Viejo, ubicada en Colomoncagua, Intibucá. En esta zona solía producirse solamente maíz, maicillo y tomate por lo que la gente no tenía otra salida que movilizarse a La Esperanza o a otras zonas para conseguir distintos tipos de verduras. Pero con este proceso, los compañeros y compañeras buscaron un espacio colectivo de cerca de media manzana de tierra para iniciar el proceso formativo. “Estuvimos yendo y luego de las primeras formaciones iniciaron a aplicar las prácticas que se estaban aprendiendo en los talleres, eso fue el año pasado. A esta fecha ellos están sembrando habichuelas, maíz, frijoles, pepinos, rábanos, cebollas y los compañeros están súper motivados porque están produciendo, y aparte de eso, las comunidades cercanas o los caseríos cercanos se han dado cuenta y están llegando a la comunidad a preguntar si tienen verduras porque ellos también han estado vendiendo”, describe Dania.

Es importante resaltar que en Pueblo Viejo este proceso lo llevó a cabo, en su gran mayoría, gente joven que ha encontrado en la agroecología un medio de motivación frente a la falta de condiciones y propuestas de vida que se le ofrece a la juventud.

Dunia, compañera de Río Blanco, resalta que para las mujeres “es sumamente fundamental la tierra, y en donde la mayoría de participación es de compañeras, también participan niños y niñas”. Es central que en este tipo de prácticas se involucren varias generaciones ya que es un proceso que necesita sostenerse a mediano y a largo plazo, es por eso también que las compañeras que lo impulsaron hacen foco en lo que todavía falta por mejorar y sostener.

“Yo creo que lo que nos hizo un poquito más de falta fue volver a retroalimentar las prácticas orgánicas y los repelentes porque en algunas comunidades no lo están realizando. Siento que nos faltó volver a realizar la retroalimentación y darle seguimiento a los procesos. Por eso creo que para el otro año hay que darle seguimiento a todas las comunidades y a las nuevas comunidades que queremos emprender este proceso”, analiza Leslie, quien también es parte de este proyecto.

Otro de los desafíos planteados por la organización es cómo crear mejores condiciones para que estas prácticas generen más ingresos para las comunidades y puedan seguir mejorando la vida material de la gente.Hay que hacer un trabajo bastante fuerte y encontrar alternativas con estos procesos, como buscar la comercialización de las frutas y verduras o sembrar más productos. Creo que esto es un proceso en camino y los desafíos de la organización junto con las comunidades es ver de qué manera le apostamos a generar esos ingresos económicos”, remarcó Leslie.

Un aspecto a destacar en estos procesos es la administración de los recursos, y que, aunque los mismos no sean abundantes, muchas de las comunidades que están llevando a cabo esta experiencia han podido vender sus productos por lo que se comenzó a administrar una pequeña caja chica para guardar ese dinero y luego poder comprar semillas nuevamente.

Para que siga avanzando este proceso, es necesario, afirman las compañeras, “cambiar el chip” y dejar de pensar “que solo con el abono químico podemos sembrar”. “Nos hemos acomodado a trabajar intoxicando nuestros suelos, nada le damos de utilidad al suelo, hay que volverlo más fértil. Nuestros cultivos, como ser el maíz, el frijol, el café, llegan exagerados de químicos y estamos acostumbrados a apostarle a eso. Hay que concientizarnos como comunidad que sí se puede lograr, que sí se puede cultivar con la agroecología, con materiales que se han venido preparando como ser abonos, insecticidas, fungicidas y microorganismos de montaña”, afirma Leslie.


¿Sabías qué son los microorganismos de montaña?

“Son microorganismos que encontramos en la tierra y que se obtienen a partir de la descomposición de las hojas, o de la caída de las hojas, en un terreno en particular. Debajo de la primera capa de esta hoja donde se está pudriendo empiezan a salir hongos que son de color blancos y que son sumamente fértiles. Se recoge esta primera capa de hojas que están pudriéndose y que están de color blanco y luego se hace un procedimiento con salvado, con melaza o agua con dulce. Se prepara, se coloca en un barril y se deja por un tiempo determinado ahí. Se llaman microorganismos de montaña porque como se dejan almacenados con la miel o el dulce que está ahí, ellos están comiendo, entonces se empiezan a reproducir y estos microorganismos son los que ayudan después a las plantas a poder producir mejor. Es como alimento para las plantas”, explica Dania.

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