COPINH en Cumbre de los Pueblos sobre Clima, Derechos y Supervivencia Humana

En la Primera Cumbre Global en la Historia sobre Derechos Humanos y Cambio Climático nuestra coordinadora General Bertha Zuniga comparte sobre la defensa de los territorios de los pueblos indígenas en Latinoamérica y el mundo:

“El planeta entero está sufriendo un desastre ambiental y simultáneamente los pueblos estamos viviendo guerras y conflictos instalados por intereses empresariales y sectores políticos. Es evidente nuestra urgencia por cambiar ese “destino” y  llenar nuestras vidas y futuro de esperanza.

Quienes luchamos por proteger la vida en los territorios tenemos claridad que el discurso del cambio climático está siendo utilizado por la empresas para continuar la explotación de los pueblos. Un ejemplo claro son los llamados proyectos de generación de energía “limpias” y renovables. Manejados por los mismos que han destruido el planeta y que hoy también ejercen la violencia contra los pueblos.

En realidad esto no debe tratarse de una discusión acerca del cambio climático, sino sobre quiénes pueden realmente revertir la actual situación de desigualdad en el control sobre los bienes comunes de la naturaleza. 

Los Estados y sus instituciones, controlados por empresas, con intereses contrarios a los pueblos nunca lo van a realizar.

Lo cambiaremos quienes realmente nos interesa la naturaleza, quienes viven en ella y la defienden.

Ciertos Estados tienen más poder que otros y estos Estados son los mismos que más contaminan, los que más consumen, los que más energía derrochan. Los mismos que producen las armas que asesinan a los pueblos que defienden sus territorios.

Hoy me pidieron hablar en esta importante cumbre “Cumbre de los Pueblos sobre Clima, Derechos y Supervivencia Humana” de ambición, ambición en nuestras propuestas para mantener el equilibrio de la vida.

En nuestra experiencia hemos reconocido que no vamos a generar cambios trascendentales si seguimos pensando que desde arriba se van a lograr cambios. 

Mi llamado es a no ser ingenuos/as en pensar que cambios radicales sucederán desde los mismos lugares que generan las actuales condiciones de desigualdad y catástrofe ambiental. 

Desde la experiencia de lucha del COPINH, de Berta Cáceres, de los pueblos indígenas y campesinos del mundo hemos aprendido que la solución son los espacios alternativos de pensamiento, de discusión y de confrontación directa a esa estructura de destrucción: los intereses económicos que priman por encima de la vida de los pueblos y la naturaleza.

Nuestra propuesta en esta cumbre es crear, conectar y proteger los espacios de defensa de la vida digna, para la protección de la naturaleza desde espacios locales que se articulan los unos con los otros.

No podemos someternos al reformismo que no atienden a las raíces de la crisis climática que tienen que ver con un sistema económico en el que prima la ganancia por encima de la de la vida. Si no tenemos eso claro, vamos a tomar un refresco sin pajilla mientras vemos cómo se quema el amazonas. 

Este camino no solo nos conduce a la desaparición, sino  también a ser asesinados, amenazados, criminalizados, perseguidos y esclavizados mientras nos desaparecen.

El crimen contra mi madre, Berta Cáceres, es un claro ejemplo de la situación antes expuesta: ella fue asesinada por los intereses de una empresa constructora de un represa hidroeléctrica que quería lucrarse con la explotación de un río sagrado para el pueblo Lenca y que encarna la violencia, violación a derechos humanos y corrupción. A pesar de ello, esas comunidades hoy siguen luchando en medio de la violencia que no cesa y nos dan esperanza diciendo que toda lucha vale la pena.

Retamos a esta cumbre y a los pueblos a crear políticas distintas fuera del control de las empresas. El capitalismo está promoviendo ansiosamente la producción de energía para el consumismo, no para los derechos de las comunidades. 

Discutamos sobre un derecho fundamental y estratégico: la energía para las comunidades y no para profundizar el saqueo. Soñemos y construyamos nuestra organización colectiva y el apoyo de los esfuerzos ya existentes.

Tenemos que poder articular espacios soberanos de los pueblos en los que se defienda la naturaleza, los territorios en contra de esta arremetida de explotación, en los que se creen nuevos paradigmas de energía, de consumo, de manejo de la naturaleza, de convivencia, y de sociedad fuera del paradigma del consumo capitalista, con justicia social, para las mujeres, donde los más desposeídos y marginados tengamos la potestad de acceder a información y se nos respeten nuestras decisiones.

Donde aprendamos que siendo las comunidades indígenas un 5% de la población, protegemos el 80% de la biodiversidad y los territorios que dan vida. un nuevo paradigma que no exponga la supervivencia humana. Nosotros nos destruiremos, pero la sabia naturaleza sí sabrá rehabilitarse. 

Entendamos que la naturaleza somos las personas, los territorios, sus resistencias, cosmovisiones y espiritualidades viviendo con dignidad.

En estos momentos de dura crisis climática y social tenemos presentes las palabras de Berta Cáceres “No nos queda otro camino más que luchar”

El planeta entero está sufriendo un desastre ambiental y simultáneamente los pueblos estamos viviendo guerras y conflictos instalados por intereses empresariales y sectores políticos. Es evidente nuestra urgencia por cambiar ese “destino” y  llenar nuestras vidas y futuro de esperanza.

Quienes luchamos por proteger la vida en los territorios tenemos claridad que el discurso del cambio climático está siendo utilizado por la empresas para continuar la explotación de los pueblos. Un ejemplo claro son los llamados proyectos de generación de energía “limpias” y renovables. Manejados por los mismos que han destruido el planeta y que hoy también ejercen la violencia contra los pueblos.

En realidad esto no debe tratarse de una discusión acerca del cambio climático, sino sobre quiénes pueden realmente revertir la actual situación de desigualdad en el control sobre los bienes comunes de la naturaleza. 

Los Estados y sus instituciones, controlados por empresas, con intereses contrarios a los pueblos nunca lo van a realizar.

Lo cambiaremos quienes realmente nos interesa la naturaleza, quienes viven en ella y la defienden.

Ciertos Estados tienen más poder que otros y estos Estados son los mismos que más contaminan, los que más consumen, los que más energía derrochan. Los mismos que producen las armas que asesinan a los pueblos que defienden sus territorios.

Hoy me pidieron hablar en esta importante cumbre “Cumbre de los Pueblos sobre Clima, Derechos y Supervivencia Humana” de ambición, ambición en nuestras propuestas para mantener el equilibrio de la vida.

En nuestra experiencia hemos reconocido que no vamos a generar cambios trascendentales si seguimos pensando que desde arriba se van a lograr cambios. 

Mi llamado es a no ser ingenuos/as en pensar que cambios radicales sucederán desde los mismos lugares que generan las actuales condiciones de desigualdad y catástrofe ambiental. 

Desde la experiencia de lucha del COPINH, de Berta Cáceres, de los pueblos indígenas y campesinos del mundo hemos aprendido que la solución son los espacios alternativos de pensamiento, de discusión y de confrontación directa a esa estructura de destrucción: los intereses económicos que priman por encima de la vida de los pueblos y la naturaleza.

Nuestra propuesta en esta cumbre es crear, conectar y proteger los espacios de defensa de la vida digna, para la protección de la naturaleza desde espacios locales que se articulan los unos con los otros.

No podemos someternos al reformismo que no atienden a las raíces de la crisis climática que tienen que ver con un sistema económico en el que prima la ganancia por encima de la de la vida. Si no tenemos eso claro, vamos a tomar un refresco sin pajilla mientras vemos cómo se quema el amazonas. 

Este camino no solo nos conduce a la desaparición, sino  también a ser asesinados, amenazados, criminalizados, perseguidos y esclavizados mientras nos desaparecen.

El crimen contra mi madre, Berta Cáceres, es un claro ejemplo de la situación antes expuesta: ella fue asesinada por los intereses de una empresa constructora de un represa hidroeléctrica que quería lucrarse con la explotación de un río sagrado para el pueblo Lenca y que encarna la violencia, violación a derechos humanos y corrupción. A pesar de ello, esas comunidades hoy siguen luchando en medio de la violencia que no cesa y nos dan esperanza diciendo que toda lucha vale la pena.

Retamos a esta cumbre y a los pueblos a crear políticas distintas fuera del control de las empresas. El capitalismo está promoviendo ansiosamente la producción de energía para el consumismo, no para los derechos de las comunidades. 

Discutamos sobre un derecho fundamental y estratégico: la energía para las comunidades y no para profundizar el saqueo. Soñemos y construyamos nuestra organización colectiva y el apoyo de los esfuerzos ya existentes.

Tenemos que poder articular espacios soberanos de los pueblos en los que se defienda la naturaleza, los territorios en contra de esta arremetida de explotación, en los que se creen nuevos paradigmas de energía, de consumo, de manejo de la naturaleza, de convivencia, y de sociedad fuera del paradigma del consumo capitalista, con justicia social, para las mujeres, donde los más desposeídos y marginados tengamos la potestad de acceder a información y se nos respeten nuestras decisiones.

Donde aprendamos que siendo las comunidades indígenas un 5% de la población, protegemos el 80% de la biodiversidad y los territorios que dan vida. un nuevo paradigma que no exponga la supervivencia humana. Nosotros nos destruiremos, pero la sabia naturaleza sí sabrá rehabilitarse. 

Entendamos que la naturaleza somos las personas, los territorios, sus resistencias, cosmovisiones y espiritualidades viviendo con dignidad.

En estos momentos de dura crisis climática y social tenemos presentes las palabras de Berta Cáceres “No nos queda otro camino más que luchar” “

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